Juzgar es una acción que está a la orden del día y, en muchos casos, lo hacemos de forma inconsciente. Y esto es así porque, sin darnos cuenta, al juzgar, creemos mantener el control de cada aspecto de nuestra vida. ¿Cuántas veces has dicho “esto es bueno” o “esto es malo”, “esta es una buena persona” …? Y al poner estas etiquetas estás emitiendo juicios en base a estereotipos, sin profundizar en lo que tienes delante.

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La parte social de tu cerebro necesita tener información rápida sobre las cosas que le rodean y es por esto que, de manera rápida, va poniendo etiquetas a todos los estímulos que recibe. Clasifica la información en categorías que relaciona con tu personalidad y experiencia previa.

Porque, ¿cuántas veces te ha pasado que, habiendo tenido una mala experiencia mala con algún tipo de persona, cuando ves a otra que se le parece, de manera automática te produce rechazo? Es decir, tu experiencia previa hace que categorices lo que te rodea según tus esquemas internos. ¿Y si esos esquemas no se ajustan a la realidad? ¿Te das cuenta que al hacerlo, te estás llenando de una negatividad que sólo te afecta a ti?

La clave para controlar esto es vivir en el aquí y el ahora en vez de ir al futuro o al pasado. Si no permites a tu mente viajar constantemente no tendrás con qué comparar y evitarás asignar esas etiquetas y emitir juicios previos.

¡Te propongo una solución muy sencilla para ello! Céntrate en tu respiración y en tu cuerpo. Observa cómo te sientes en el momento de estar realizando un juicio. Probablemente notarás tensión en alguna parte del cuerpo. Si observas la respiración, ésta aparecerá entrecortada o será muy superficial.

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Si te haces consciente de tu cuerpo y de tu respiración, si relajas el cuerpo y notas tu respiración más profunda y pausada, estas cambiando la frecuencia vibracional que emites, empiezas a generar paz y energía positiva. Ya no hay lugar para el juicio.

Recuerda: Para “no juzgar” debes estar en calma

 

Prejuzgar: ¿qué es y cómo afecta?

Prejuzgar implica emitir una opinión sobre algo o alguien sin tener suficiente información para ello. Y ese juicio rápido es lo que hace que coloques a las personas bajo etiquetas simplificando tu vida. ¿Por qué tomarte el tiempo de conocer a una persona si ya sabes cómo es, si ya la tienes etiquetada?

Y no te das cuenta que, al hacerlo, pierdes la oportunidad de conocer personas maravillosas. Emitimos juicios por su forma de vestir, de peinar, por sus aficiones… y en realidad no sabemos nada de su vida interior, de su yo real, de qué intereses tiene o qué les preocupa.

Y si te paras a pensarlo, actuar así, ¿no se acerca un poco a la intolerancia? Porque catalogar a las personas por aspectos superfluos, ponerles una etiqueta predefinida, en el fondo es negar la existencia de una diversidad de personas, cada una de ellas diferente y con diferentes intereses y/o preocupaciones.

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Entonces, ¿cómo evitar actuar así?

  • El primer paso es ser conscientes de tu actuación. Y para ello, te propongo un nuevo ejercicio. Cada vez que seas consciente que estás juzgando, sonríe por dentro. Sólo eso, toma consciencia de ello.
  • Después, tómate el tiempo necesario de conocer a la otra persona borrando cualquier pensamiento previo que tuvieras sobre ella. No importa cuál haya sido la primera impresión o lo que hayas podido escuchar acerca de ella. Sólo dale la oportunidad.
  • Y por último, respeto. Respeta aquello que la hace diferente a ti y dale la oportunidad de mostrarte quien es. Conoce y déjate conocer.

Y llegados a este punto, me gustaría proponerte un último ejercicio: Piensa en algún juicio que hayas tenido estos días.

¿Ya lo tienes? Pues ahora ponte cómodo o cómoda y sólo siente tu respiración, sin forzarla, sin juzgarla. Déjala ser tal y como es en este momento. Observa como entra y sale el aire y pon toda tu atención en ella.
Ahora vuelve de nuevo a pensar en el juicio y hazte la siguiente pregunta: ¿De verdad tiene sentido este juicio? ¿Qué obtengo de positivo pensando así? ¿Me da alguna solución? ¿Me hace sentir bien o por lo contrario me siento mal? Si el juicio es hacia mi ¿me hace prosperar? Si es hacia alguna persona ¿soluciona la situación? ¿Qué consigo con esto?

Si ves que no tiene sentido, si no te hace bien ni a ti ni a los demás, no te culpes por haber tenido este pensamiento. Sólo libéralo, déjalo ir y perdónate en ese mismo instante. Te ayudará a seguir aprendiendo y creciendo. Y si no te sale bien, no te preocupes ni seas demasiado dura contigo, no te juzgues. Recuerda que todo proceso de crecimiento necesita un tiempo. Acepta tus limitaciones y respira profundamente.