Emociones, sentimientos y sensaciones. Estoy segura de que si te pido que me hagas una definición rápida de cada uno de ellos, o te pongo varios momentos y ejemplos para repartir entre ellos, o no sabrías muy bien ubicar a cada uno de ellos. 

Y es que lamentablemente, en las generaciones adultas de hoy en día, lo de trabajar las emociones ha sido una tarea pendiente que hemos tenido siempre. De pequeños no nos lo enseñaron y en la etapa adulta, hemos tenido que aprenderlo a base de “golpes”. 

Por eso, siempre recomiendo hacer un ejercicio de autoconocimiento a través de la meditación, el mindfulness, el coaching o aquello con lo que mejor te sientas, porque ponerle nombre a las cosas, saber reconocer qué son y sobre todo, aprender cómo manejarlas, nos allanará mucho el camino. 

Sensaciones

Las sensaciones nos ponen en contacto con todo lo que pasa a nuestro alrededor. Son impresiones que los estímulos externos producen en nuestra conciencia y que son recogidos por alguno de nuestros sentidos. 

Por lo tanto, desde que nos levantamos, hasta que nos acostamos, estamos recibiendo sensaciones de lo que pasa a nuestro alrededor, que no es otra cosa que información de nuestro entorno. 

Además de las sensaciones externas que podemos recibir, también tenemos sensaciones internas, que nos dan información de cómo nos encontramos.

Existe un número de sentidos, que se corresponde con los cinco que comúnmente aprendemos desde pequeños: tacto, olfato, gusto, oído, gusto. 

A estos dos, hay que añadirles los sentidos kinestésico y cenestésico. El primero hace referencia a la capacidad para ser conscientes de la posición o postura de nuestro cuerpo en relación con lo que nos rodea. El segundo, el sentido cenestésico, se encarga de aportarnos información sobre el estado de nuestro cuerpo y cómo se encuentra. 

emociones

Emociones

Todas las sensaciones que recibimos nos producen un sentimiento, y ese sentimiento nos genera una emoción. Es como una cadena. Al contrario de lo que tendemos a pensar antes de ponernos a trabajar las emociones, no las hay buenas o malas. 

Todas nuestras emociones son necesarias y cada una de ellas cumple una función. Por lo tanto, no debemos evitar las emociones que no nos gustan. Entenderlas favorece el desarrollo de nuestro autoconocimiento y en consecuencia, mejora nuestro bienestar.

Son muchas las emociones que podemos nombrar y reconocer cuando las sentimos. Recuerda que no estamos hablando de algo que se racionalice, estamos hablando de aquello que sentimos. Hay muchas teorías y herramientas en torno a este tema, pero hace unas semanas ya te hablamos de las ocho principales de las que posteriormente derivan más. Estas son: 

  1. Alegría. 
  2. Confianza.
  3. Miedo. 
  4. Sorpresa. 
  5. Tristeza.
  6. Aversión. 
  7. Ira.
  8. Anticipación.

 Si quieres profundizar en ellas, puedes hacerlo desde aquí. 

Sentimientos

Los sentimientos son la respuesta fisiológica a la emoción que hemos recibido. Son la forma en la que interpretamos esas emociones. Es aquí donde podemos tomar la decisión de hasta que punto puede afectarnos una emoción.

Hay una frase que me gusta mucho y que pongo de ejemplo en mucho de mis cursos de meditación:

El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional

Somos nosotros los que elegimos, en parte, como sentirnos. No se trata de banalizar a las personas que están sufriendo, ni tampoco pensar que todo en nuestra vida será un camino de rosas si trabajamos nuestras emociones y sentimientos, pero sí podremos mejorar mucho nuestro día a día y en muchos casos, liberarnos de muchos sentimientos que no son necesarios y que no aportan nada.

En los diferentes cursos de meditación y mindfulness trabajamos mucho estos aspectos, para así poder, desde la calma trabajar y aprender sobre cómo funcionamos, obteniendo herramientas para gestionarlo.

Cuando te sientas abrumada, dedicar un espacio para intentar comprender qué te ha pasado y qué sensaciones, emociones y sentimientos te han llevado a estar así, es la clave para empezar a gestionarlo de la manera correcta.

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