Nos pasamos gran parte de la vida buscando la felicidad: Un trabajo mejor, una pareja, un coche más grande… y, en esa búsqueda, olvidamos las maravillas de la vida que nos rodean. Una playa, una puesta de sol, el sonido de los pájaros, el aroma de las flores en primavera… ¡o simplemente estar vivos!

Nuestra mente trabaja de manera incesante en esa búsqueda de algo que nos aporte una felicidad mayor. Y cuando conseguimos aquello que buscábamos, volvemos a buscar otra cosa nueva.

¿Por qué funcionamos así? Vamos a analizarlo un poco más.

Para disfrutar de toda la belleza que te rodea, la mente debe estar relajada y en paz, debe ser capaz de escuchar el silencio interior, ese silencio que te habla desde dentro y te permite conocerte de verdad.

Entonces, si sólo se trata de escuchar el silencio, ¿por qué es tan difícil?

El principal motivo es cultural o, más bien, educacional. Y es que ya desde pequeños nos educan para “buscar fuera”. Piénsalo un momento. Cuando un niño llora, ¿lo dejas llorar o le das algo para que se tranquilice? Si, se le suele dar el chupete, un juguete, algún dulce. Y en ese momento, sin darte cuenta, estás condicionando esa emoción, no permites su gestión natural, buscas elementos fuera para controlarla.

Crecemos con la creencia, porque así lo vivimos desde pequeñitos, que las emociones pueden controlarse con elementos externos. ¿Cuántas veces, al sentirte nervioso, por ejemplo, te han dado ganas de comer compulsivamente y vas corriendo a la nevera? Llenas tu mente con la ocupación de comer, tal vez sin hambre, para no prestar atención a esa emoción que te está alterando.

Y al actuar así, poco a poco y sin darte cuenta, 𝘵𝘦 𝘷𝘢𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘰𝘯𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘵𝘶 𝘦𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢, 𝘥𝘦𝘫𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘤𝘩𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘺 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳𝘵𝘦. Llenas tu mente de tantos pensamientos y estímulos externos, preocupaciones, inquietudes, recuerdos, deseos, bullicio… que tu mente se inquieta porque 𝐧𝐨 𝐝𝐞𝐣𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐩𝐚𝐜𝐢𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐥 silencio.

 

Silencio2

El silencio es a la esencia de la meditación. Escuchar y entender tu mente, aceptar la experiencia tal como es, sin juzgar. En eso consiste. 𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐭𝐚𝐬 𝐲 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐬 𝐚 𝐨𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚𝐫 𝐭𝐮𝐬 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬, 𝐯𝐚𝐧 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐳𝐚 𝐲 𝐭𝐮 𝐜𝐚𝐥𝐦𝐚 𝐚𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚.

“𝘌𝘭 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘴 𝘦𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘭. 𝘌𝘭 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰 𝘦𝘴 𝘵𝘢𝘯 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘦𝘭 𝘢𝘪𝘳𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘢𝘴, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘭𝘢𝘯𝘵𝘢𝘴. 𝘚𝘪 𝘵𝘶 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘴𝘵á 𝘳𝘦𝘱𝘭𝘦𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘺 𝘱𝘦𝘯𝘴𝘢𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴, 𝘯𝘰 𝘵𝘦 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢𝘳á 𝘦𝘴𝘱𝘢𝘤𝘪𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘵𝘪i” – Thich Nhat Hanh