Es importante que aprendamos, ya desde niños, a no negarlas, a distinguirlas y a entender la función de cada una de ellas para gestionarlas de manera adecuada.

Podemos hablar mucho sobre las emociones pero si no las sentimos no servirá de nada. Tendemos a encajarlas en un cajón u otro, pasándolas por alto, sin entenderlas, sin aceptarlas. Y no nos damos cuenta que al hacerlo, estamos perdiendo todo el sentido y objetivo de la emoción.

«Las emociones se sienten, no se racionalizan»

No hay emociones buenas o malas. Todas son necesarias y cada una de ellas cumple una función. Por lo tanto, no debemos evitar las emociones que no nos gustan. Entenderlas favorece el desarrollo de nuestro autoconocimiento y en consecuencia, mejora nuestro bienestar.

La vida está llena de contratiempos, reveses, situaciones que simplemente no entraban en nuestros planes. Y cuando esto sucede, reaccionamos de manera impulsiva generando una emoción, por regla general, de rechazo: dolor, enfado, miedo… emociones que si no se gestionan de manera correcta pueden anclarse en la persona y convertirse en sufrimiento.

Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas – Mario Benedetti

¿Por qué la Navidad es una época especialmente sensible?

La Navidad es una época llena de luces, colores, magia, ilusión, alegría. Pero también de nostalgia, melancolía e incluso tristeza.

Felicidad provocada por el reencuentro con personas queridas que viven lejos, por la alegría de estar con los que más quieres, por ver esas miradas inocentes y felices en los niños. Frustración, tristeza y nostalgia por echar de menos a los que no están, por hacer balance del año y darnos cuenta que, tal vez, no hemos logrado todo lo que nos habíamos propuesto, porque nos ponemos nuevas metas que no sabemos si alcanzaremos.

Y esta Navidad anuncia que va a ser mucho más emotiva de que costumbre, claramente marcada por la situación de pandemia actual. Tal vez no podamos celebrar las fiestas como de costumbre. Tal vez no podamos reunirnos con todos nuestros seres queridos. Tal vez los niños no puedan asistir a la tradicional cabalgata de los Reyes Magos. Tal vez… demasiada incertidumbre.

Y si te paras a pensarlo, muchas de estas emociones “no agradables” están ancladas en el pasado– personas que ya no están conmigo, cosas que ya no tengo, situaciones que ya no viviré, objetivos que no logré – o deseos de futuro, anhelo de felicidad – ojalá el próximo año logre alcanzar mi meta, a ver si consigo un mejor trabajo, qué podría hacer para tener a esa persona cerca de mi…

¿Cuánta energía gastas en pensar “¿podremos?” o “por qué”?

Te propongo una pequeño ejercicio: Analiza aquello que hoy te está haciendo daño, ese sentimiento que te duele. ¿Te has parado a estar con él, entenderlo, saber que está ahí y que forma parte de ti? Si no lo has hecho todavía, si simplemente tratas de no pensar en ello para evitar el dolor, no harás más que alargar ese sufrimiento o frustración y no serás capaz de disfrutar de aquello que hoy te da la vida.

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Nos centramos en imaginar y desear aquello que creemos quenos traerá la felicidad en lugar de centrarnos en lo que ya tenemos, en nosotros, en el momento presente. Y aún peor, muchas de las veces, cuando lo conseguimos, seguimos sin ser felices y volvemos a buscar fuera. Tenemos una sensación constante de estrés y frustración, siempre en la búsqueda de la felicidad. Y siempre la buscamos fuera – Un día de estos hablaremos de porque buscamos la felicidad fuera

Pero, ¿qué pasa hoy? ¿Qué quiero o qué necesito yo hoy para ser feliz hoy?  O tal vez ya soy feliz y ni siquiera me he dado cuenta… ¿Es posible que estemos pasando dormidos por la vida y nos estemos perdiendo grandes cosas?

Piénsalo un momento. Cualquier cosa que puedas hacer para tu mejora, tu felicidad y tu bienestar, solo puedes hacerlo hoy.