La vida se ha convertido en una carrera frenética de acciones y actividades. Estamos todo el día corriendo de un sitio para otro. Sin tiempo de descansar, de parar, de reflexionar. De disfrutar de aquello que nos importa. Solemos llegar al final del día exhaustos y sólo queremos cenar algo rápido y dormir.

Y esto es así porque tenemos la creencia que cuantas más actividades hagamos, cuanto más ocupemos nuestro tiempo, cuantas más posesiones materiales tengamos, mayor será nuestra satisfacción. Nuestros días pasan anhelando aquello que queremos y no tenemos. Y cuando, por fin lo conseguimos, volvemos a sentirnos insatisfechos. Y volvemos a buscar fuera aquello que creemos que necesitamos para ser felices. Estamos tan ocupados en buscar lo que hay fuera que nos olvidamos de quienes somos, de lo que tenemos dentro, dejamos de identificarnos con lo que hacemos. Y este bucle provoca un grado de frustración en insatisfacción es cada vez mayor.

Vivimos en una rueda que gira tan rápido que no sabemos cómo pararla ni cómo salir de ella. Ante sentimientos que nos hacen sufrir, preferimos pensar que la naturaleza humana y la vida son así antes que intentar hacer un cambio.

Te propongo un ejercicio. Imagina que te pido que durante todo el día de hoy sientas tristeza. ¿Te gustaría? Si pudieras escoger, ¿participarías? ¿Y qué pasaría si en lugar de tristeza te dijera que debes sentir alegría? Seguro que este sentimiento facilita tu participación en el juego. Lo cierto es que nadie quiere sufrir.

¿No es cierto que en determinados momentos has podido sentir una paz interior especial? Sentimiento que suele desaparecer de manera rápida. ¿Qué pasaría si pudieras trabajar este momento, hacerlo más duradero, menos efímero? ¿Cómo crees que te sentirías? ¿Y si encontráramos la manera de cultivar todos esos sentimientos y emociones buenos y a la vez disminuyeran todas las frustraciones? ¿Cuáles serían tus sensaciones?

No podemos cambiar nuestra esencia, lo que somos pero podemos tener ganas de mejorar.

Nos pasamos años aprendiendo a leer, escribir, a tocar el piano… y sin embargo nos parece algo extraño entrenar nuestro mente. ¿Por qué habría de ser diferente? Día a día nos esforzamos en mejorar nuestras condiciones físicas y no nos damos cuenta de que es nuestro interior el que tiene que lidiar con nuestras alegrías y nuestras tristezas, con nuestras emociones. Si fuéramos capaces de transformar el modo en el que percibimos las cosas también cambiaría la forma en que vivimos el presente.  Y este cambio pasa por un proceso de entrenamiento llamado meditación.

La meditación es una práctica que te permite cultivar y desarrollar ciertas cualidades fundamentales que suelen estar en estado latente en tu interior. Es una herramienta que te ayuda a ser consciente de toda la riqueza interior que hay en ti, a valorar lo que tienes aquí y y ahora. A no pensar en el ayer ni en el mañana. Sólo ahora. Y cuando lo consigues, simplemente aceptas las cosas y agradeces lo que tienes. Tu paz interior y tu bienestar aumentan.

Con la práctica de la meditación dejaremos de identificarnos con nuestros pensamientos y sentimientos y los veremos de una forma más objetiva. No somos nuestros pensamientos, ni somos responsables de lo que pensamos, sino de lo que hacemos.

Y si tuviera que listar los principales beneficios de la meditación diría que ayuda a disminuir el estrés, mejora tu atención y reduce los pensamientos en bucle. La práctica de la meditación hará que dejes de identificarte con tus pensamientos y sentimientos y los verás de una forma más objetiva.

Sin embargo, la meditación no es una solución rápida a un problema, ni es parar los pensamientos o vaciar la mente. No es soñar despierto. Es un ejercicio que consiste en enfocar la mente en un objeto virtual para llevarla a un estado de calma y paz evitando los pensamientos en bucle o descontrolados.

Te invito a ver el siguiente vídeo para iniciarte en esta práctica que nada tiene que ver con creencias religiosas aunque se identifique con los monjes budistas.

Aprende a Meditar

Nuestra mente está en permanente actividad. Pensamientos que te asaltan, recuerdos, situaciones que te imaginas, conversaciones contigo mismo o con otras personas, reales o imaginarias. Pensamientos en muchos casos negativos llevándote una y otra vez al pasado o a un futuro incierto. Nuestra mente salta de un pensamiento a otro sin parar pudiendo llegar a desembocar en una situación de estrés o ansiedad si se producen de forma incontrolada.

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Mientras que generar pensamientos no supone ningún esfuerzo, la habilidad de prestar atención a esas emanaciones mentales sí requiere de un esfuerzo consciente; sin nuestra participación intencional y voluntaria, la mente saltará desbocada de pensamiento en pensamiento arrastrando nuestra atención. Esto es lo que llamamos mente mono, un pensamiento tras otro saltando por nuestra mente como si de un mono saltando de rama en rama se tratara.

Por hacer un símil, la mente funciona más o menos así. Cuando surge un pensamiento te avisa diciéndote; “hola, aquí tienes un pensamiento”. Pero antes de que hayas llegado a analizarlo, vuelve a avisarte “te dejo un nuevo pensamiento”. Y así, sucesivamente, un pensamiento tras otro sin que la rapidez de generación de pensamientos te deje centrar tu atención siendo la mente la que toma el control.

Para salir de esta situación debes administrar de manera consciente tu atención. ¿Y cómo se puede hacer? Te dejo a continuación un ejercicio que puedes practicar unos minutos al día. Sólo debes centrarte en tu respiración:

  • Tu mente saltará de pensamiento en pensamiento arrastrando tu atención de un sitio a otro
  • Cuando te des cuenta que vas de pensamiento en pensamiento, centra tu atención en la respiración
  • Lo más probable es que el mono vuelva a saltar llevándose tu atención a nuevos pensamientos
  • Cuando vuelvas a ser consciente, vuelve a centrar tu atención a tu respiración

Y aunque el mono irá apareciendo, eso es seguro, no pasa nada.  Lo importante es que te des cuenta de ello, este hecho en si ya es un momento de atención y consciencia. Vuelve entonces a centrar tu atención en tu respiración, poco a poco el mono de tu mente se irá volviendo más calmado.

Los cuencos tibetanos – uno de los instrumentos más utilizados en las meditaciones. ¿Por qué?

Su música armoniosa, vibrante y relajante fomenta la relajación y te inducen con mayor facilidad a un estado meditativo. Su vibración conecta con la vibración de tu cuerpo, equilibra chacras, libera bloqueos, armoniza tu energía y produce una enorme sensación de bienestar. Si, además, combinamos su sonido con el fluir del agua o el canto sutil de los pájaros, la sensación de bienestar que se genera es, simplemente, maravillosa.

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Puedes escuchar en mi canal YouTube conciertos de cuencos tibetanos y meditación. Te dejo algunos enlaces:

*Meditación y Concierto de cuencos tibetanos (Sesión de MEDIA hora). Un sonido para el alma.

*Cuencos tibetanos entre pájaros y el fluir del agua. Dormir, Meditar, Armonizar Chakras y Ambientes

*Concierto de Cuencos Tibetanos para Niños

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